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Minería Artesanal… ¿Un triste Final?

Vengo de una familia que siempre ha estado ligado a la minería, donde mis abuelos y bisabuelos fueron pirquineros principalmente del cobre y oro, además de algunas incursiones en las salitreras en el remoto desierto del norte de Chile, años emblemáticos y nostálgicos, muy difíciles y duros, donde el arduo trabajo, las inclemencias del tiempo, la pampa, el hambre, la soledad, las enfermedades, te hacían tipos rudos, con un machismo a flor de labio, donde el más fuerte sobrevivía, “sí tenías suerte de que no te quitara  la vida algún accidente, debido a las precarias o nulas medidas de seguridad laborales existentes en esos tiempos”, época donde se forjaron grandes familias y tradiciones que aún siguen en pie, y que al pasar las años continúan vigentes, pero lamentablemente marchitas,… si, leyó bien… marchitas, escuálidas o simplemente perdidas. El pequeño minero, sus tradiciones y sus vocablos, se han ido desvaneciendo con el tiempo como, por ejemplo; chiflón, apir, apero, capacho, azogue, y así tantas otras, que tan solo al pronunciarlas dejaba claro su mensaje y no daban margen para la duda o su discrepancia, que decir de las usanzas, como; santiguar las herramientas, ofrendar alcohol a la Pachamama, adorar y poner velas a los santitos y a los no tan santos también, y cientos de otros sucesos, que Ud. también me podría ayudar a recordar.  Bueno, son tantas cosas y hechos que podrían llenar planas y planas con escrituras o simplemente llenar la hoja Word con cientos de bit… ¿dije bit?… wow… sin darme cuenta me puse tecnológico, y esos que no soy tan joven o un avezado en computación, pero este lapsus tecnológico, podría entregarme algunas luces de la razón de tocar y explayarme en este tema tan emblemático como preocupante y, aprovecho de consultarle;

¿Cree Ud. que la minería artesanal se encuentra en su etapa final?

Personalmente, no me gusta pesar que sea de esa manera, ya que me encuentro ligado en éste gran rubro, pero todos los hechos demuestran que es lo innegable. Nos encontramos en un mundo que en poco tiempo giró en ciento ochenta grados, técnicamente hablando, de enviar cartas con sobres y estampillas, que se demoraban días e incluso semanas en llegar a su destino con las noticias, o esperar su turno y hacer largas fijas para hablar por teléfono, así como tantos otras cosas, estamos en un mundo vertiginoso, de pasar de lo pausado a lo instantáneo, donde la actividad minería no se encuentra ajena a esto, especialmente la “artesanal”, la que fue perdiendo su identidad, ya sea por su precariedad, inestabilidad o simplemente quedar obsoleta y, si a esto le sumamos la falta de oportunidades, el escaso apoyo, la falta de recursos, impuestos, normativas ambiguas y el poco interés de las nuevas generaciones “que no quieren vivir lo malo que pasaron sus abuelos o padres”, todo conlleva a un drástico final y de su inevitable extinción, es una lástima, pero cierto.

¿Qué podemos hacer?

Desempolvar libros, revivir las tradiciones, inculcar a nuestros hijos e hijas lo vivido por nuestros padres y abuelos, enseñanzas en colegios, mejorar las legislaciones, integración de asesorías y el apoyo de profesionales o simplemente impulsar el desarrollo minero, promover las oportunidades laborales, pero, hay que buscar una pronta y concreta solución, antes que sea demasiado tarde, lo que conllevará a que se extingan una de nuestras más grandes costumbres e identidad como región y País minero que somos… ¡¡¡¿¿¿no cree???!!!

Memorias… Raúl G.

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